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     La etapa comienza en el monasterio de San Pedro de Cardeña.

El tratamiento del relato de las escenas de Cardeña llama enseguida la atención si le comparamos con las narraciones del paso del Cid por Burgos. En San Pedro de Cardeña, como si se hubiera corrido el telón y se empezaran a representar escenas de un mundo y con unos personajes y un ambiente distintos. En el monasterio, todo es alegría cuando se presenta el Cid; todos salen a su encuentro; todos le dan hospedaje; todos se ofrecen mutuas ayudas. Y el abad..., el abad reventaba de gozo y se desvivía por el Cid:
      Lamauan ala puerta,   y sopieron el mandado;
      ¡Dios, que alegre fue   el abbat don sancho!
      Con lumbres ,  con candelas   al coRal dieron salto.
      Con tan grant gozo  Reçiben   al que en buen ora nasco.
      "Gradesco lo adios, myo çid",   dixo el abbat don sancho;
     "Pues que aqui uos veo,   prendet de mi ospedado". Vv. 242-46.

         "Al corral dieron salto", dice el Cantar, y no al claustro donde no podían entrar las mujeres. Otro detalle más del conocimiento del ambiente monacal por el autor. Parece que ese corral se encontraba delante del monasterio. El claustro románico, llamado de los Mártires, que todavía se conserva, y la Iglesia se encontraban detrás. Sobre la parte izquierda del "corral", se levantaron más tarde las dependencias del nuevo monasterio y la Iglesia cisterciense sobre el templo anterior. El espacio derecho del "corral" todavía se conserva libre de edificaciones. En el "corral" tendrían lugar los gozosos encuentros con el abad y con los familiares del Cid. Y ese "corral" sería también el centro de operaciones de las mesnadas del Cid. Allí se le unieron gentes que acrecentaron sus huestes.
          Y, mientras agasajaban al héroe con abundante conducho, desde el mismo monasterio se enviaban pregones por Castilla para reclutar gentes que quisieran seguir al Cid:
          Grand iantar le fazen   al buen campeador.
          Tanen las campannas   en san pedro a clamor.
           Por castiella   oyendo uan los pregones,
           Commo seua de tierra   myo çid el campeador;
           Vnos dexan casas   , otros onores… Vv. 285-289.

         Se diría que aquella era una empresa religiosa y no civil, y que sobre el monasterio no se proyectaba el miedo al Rey como en la ciudad de Burgos. Y hasta se compara a los seguidores del Cid con los seguidores de Cristo, a juzgar por los versos 300-304, que parodian el relato evangélico:
            "Yo Ruego adios   , al padre spirital,
            Vos, que por mi dexades    casas ,  heredades,
            En antes que yo muera,   algun bien uos pueda far:
            Lo que perdedes   doblado uos lo cobrar".

          De las circunstancias religiosas, litúrgicas, monásticas, etc., que aparecen en el Cantar, trataremos después.
          Como el plazo para el destierro impuesto por el Rey apremiaba, reunidos todos los caballeros, celebrada la misa "de Sancta Trinidad", el Cid se despidió del abad, de doña Jimena y de sus hijas con desgarrador dolor:
        Lorando de los oios,   que non sabe que se far. V. 370.
        Asis parten vnos dotros   commo la vnna dela carne. V. 375.